No quiero la Wavytalk, ni tengo óvulos para donar.

(Texto originalmente publicado en mi Substack el 2 de Diciembre del 2025)

Rina Sawayama, XS (2020), video musical dirigido por Ali Kurr.

En verdad, reconozco que no puedo vivir sin mi computadora y menos aún sin mi celular. Eso no me acompleja ni me desespera. Para mí, es parte del síntoma de que crecí en una ciudad insegura y mi patio de juegos se convirtió en los foros de esoterismo donde enseñaban ejercicios de piroquinesis, en un foro español de Pokémon y en Club Penguin. O también son todos mis planetas en Acuario. O mi luna en Géminis, que me hace loquita.

Sin embargo, recuerdo pasar horas en mi juventud navegando por internet, y aunque los anuncios de Google siempre estaban presentes y hasta resultaban más molestos, no eran tan descarados. Hoy, como cualquier persona esclava del algoritmo, mi tiempo promedio de pantalla es de casi 8 horas al día (en parte por procrastinar en mi trabajo, pero también por la adicción a la dopamina) y siento que al menos 5 horas de esas me las paso viendo anuncios.

*Nota: Antes de seguir quejándome, quiero aclarar que este no es un comentario exhaustivo sobre cómo el capitalismo tardío ha engullido la web y estamos en una era en la que los oligarcas son dueños de las formas de comunicación masiva (véase las redes sociales) y en la que el internet es un territorio de disputa por el control narrativo. Para eso, recomiendo el capítulo de Basura Bimbo sobre este tema.*

Los anuncios que más me chocan son los de TikTok. Particularmente los de su recién lanzada (en México) TikTok Shop. ¿Por qué? Porque tiene un nuevo programa de bonos en el que los creadores de contenido pueden obtener dinero si una persona compra lo que promocionan. Debido a esto, al menos en mi for you page (fyp), me he encontrado infinidad de videos de personas vendiéndome infinidad de cosas. Desde depiladoras íntimas (que ejemplifican su efectividad usando peluches) hasta suplementos alimenticios (obvio para bajar de peso) y Labubus (que ya no están de moda y seguro Pop Mart tirará su stock en un relleno sanitario).

A veces cambian los anuncios de mi algoritmo. Si me quedo viendo un producto por mucho tiempo (porque me estoy lavando los dientes o por morbo), entonces me inundan con cinco anuncios después.

El que más odio estos días es el de la Wavytalk. Un supuesto cepillo eléctrico para peinar, pseudo dupe de los productos Dyson. No sé por qué me llena de rabia. Creo que en parte es porque ya me corté el cabello y, aunque lo tuviera largo, no me interesaría comprarla, pero no soporto que en la gran mayoría de los videos las mujeres que intentan venderla claramente ni siquiera lo han abierto, ni siquiera hacen una reseña detallada, solo me están diciendo que la compre porque está barata. Como si necesitara otra cosa arrumbada en mi clóset.

En el otro lado de mi celular, donde paso mucho tiempo, está Instagram. Y no sé si es por jochis o porque les mando reels sobre lesbianas a mis amigas machukis, que a veces mi algoritmo cree que soy una tomboy dominante o una femme sumisa. En esos ratos, usualmente se inundan mis anuncios de historias sobre cómo debería hacer dinero donando óvulos. Por curiosidad, les he picado (yo sé que por eso me siguen apareciendo, pero antes que nada soy antropólogo) y siempre se abre un pop-up que dice que tengo que escribir en WhatsApp para más informes, así que solo le pico en “no me interesa” y sigo con mi vida.

Ese de los óvulos no lo detesto tanto, me da más risa que nada. Aunque debo admitir que hace dos semanas me salió uno sobre donar espermatozoides y sí llené el formulario (el pago para no generar intereses en mi tarjeta de crédito no se va a pagar solo). Pero me paniquié cuando la clínica me mandó un mensaje para agendar una consulta. Pensándolo bien, prefiero estar en el buró de crédito a tener hijos regados.

A lo que quiero llegar con esto es que estoy fatigado de que todo el mundo en todos lados me quiera vender algo. Entiendo que el capitalismo nos ha llevado a esto y que todas las personas merecen una oportunidad digna de sobrevivir.

Pero no quiero la Wavy talk.

No voy a comprar sets de licra que aumentan las nalgas.

No tengo óvulos.

Me da miedo donar espermatozoides.

Los Labubus no me gustan y no voy a pagar por cajas misteriosas llenas de basura.

Y si me van a vender algo, quiero que me lo digan de frente y de huevos. Así como Mariah Carey vendiendo sus baratijas en el Home Shopping Network. O, al menos, que me des una reseña sobre cómo ciertas cosas te cambiaron la vida (como el aditamento bidet que compré para mi W.C. y mi robot aspiradora [les amo]).

*Otra nota: Sí, he comprado en TikTok Shop, específicamente una camiseta de Jenni Rivera y una de Juan Gabriel que creía que me iban a quedar oversize, pero me pasó como Evelyn “La Mamita” Hernández.*

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