Voy de vuelta a los Juegos del Hambre (tengo que ir a Costco)

Soy más valiente que un marine...

(Originalmente publicado en mi Substack el 5 de Febrero de 2025)

Las señales estaban ahí, pero yo no quise verlas. Primero fue el enjuague bucal. Dije que iba a comprar uno en la farmacia, pero no pude justificar lo caro que salía. Yo quiero dos y que sean de casi un galón cada uno para que me duren varios meses. Después, empecé a notar que la comida de mis perros no iba a durar la semana. Me hice de la vista gorda; no sé si era negación; tal vez esperaba que fuese una ilusión.

La gota que derramó el vaso fue el chorizo de pierna de cerdo ‘Chata’. Quienes me conocen saben que soy chica huevito con chorizo (literalmente sería parte de mi última cena si me condenaran a muerte) y desde que probé ese, ya ni el gran chorizo de champiñones ‘Chata’1 me llena el alma. Solo he conseguido la presentación de casi dos kilos en un solo lugar. Entonces terminó la negación. Y empezó la resignación.

Mi nombre fue cosechado… Y nadie fue voluntario en mi lugar2… Moi … Felices Juegos del Hambre… Y que la suerte esté siempre de tu lado.

Era hora de mi visita mensual a la arena Costco.

Yo en el estacionamiento de Costco. (literalmente)

La noche antes es crucial. Empiezo por hacer un listado mental de lo que ya se terminó en la alacena y en el refrigerador. Hago mi estrategia —voy y vengo en dos horas porque, si me toca el tráfico de las 6:30, voy a tener un brote psicótico en el carro—, me digo como precaución. Checo los últimos tres videos de la señora de Costco. No creo comprar una pijama pedorra de Kate Spade ni un sillón, pero nunca está de más ver las promociones antes de ir a la guerra.

Escribo la lista en mi celular, en una de tantas notas que terminarán flotando junto con mis manifestaciones de dinero, abundancia y salud.

  1. Comida para los perros, porque La Wera no va a soportar quedarse un día sin comer.

  2. Enjuague bucal

  3. Chorizo de pierna de cerdo ‘Chata’

  4. Tortillas de harina, porque tengo flojera de hacerlas a mano.

  5. Pan multigrano

  6. Un kilo de fresas3, si es que están buenas.

  7. Trail Mix, cacahuates o fruta seca para snack.

  8. Leche deslactosada (las leches vegetales las compro en El Club de Samantha4)

  9. Paquete de latas de sardinas. (Arriba las sardinas).

  10. Una galleta de premio si es que hay menos de 100 personas amontonadas en la fuente de sodas.

El día llega y procuro comer algo sustancioso. No hay nada más peligroso que ir al súper o al mercado con hambre y Costco es aún más letal. Lleno mi botella de agua, vuelvo a repasar mi plan mental. — Dos horas. Lista en el celular. La señora de Costco está equivocada y no necesito un set de sartenes de acero inoxidable Tramontina — me repito ilusamente.

¿Sabías que…? Para su actuación en Catching Fire (2013), Jennifer Lawrence se inspiró en mi experiencia en Costco.

El terror empieza con los buitres. O así creo que se comportan las personas en el estacionamiento. Procuro ir entre semana para no tener que estacionarme a un kilómetro de la entrada, pero a cualquier hora y en cualquier día es difícil entrar. Están circulando por los pasillos de concreto y, si ven a una persona metiendo cosas en su cajuela, se quedan a escasos centímetros, con sus luces intermitentes, para que nadie les gane su lugar. Se te cierran o se aceleran abruptamente si ven que vas hacia un lugar que acaba de desocuparse. No quiero morir aplastado por una Escalade.

Para evitar corajes, decido caminar medio kilómetro en lugar de uno completo. Veo a una señora en un Tesla estacionarse en el pasillo de circulación, junto al camellón. Obvio, es descerebrada si tiene un Tesla, así que intento que no me afecte. — La gente heterocis nunca se preocupa por ocupar espacio. Se nota que se creen dueños del mundo… Debería escribir de eso en mi Substack5— pienso. Me estaciono. A mi lado hay un señor comiendo un hot dog en su carro; se ve disociado. Parece que fue testigo de horrores. Sé lo que me espera.

Voy caminando. Tomo un sorbo de agua para prepararme. Meto mis manos en mi tote bag enorme y me doy cuenta de que olvidé mis audífonos. Mi yo del pasado me falló, pero intento mantener la calma.

En la entrada se me cruza un mar de personas. Hay otras sentadas junto a los pilares de metal en la entrada. Los trabajadores están devolviendo los carritos a su lugar. Yo agarré el mío en el estacionamiento porque alguien decidió dejarlo a la deriva.

Escaneo mi membresía y entro. Siento como si acabaran de matar a Lenny Kravitz frente a mí y como si la relación de aspecto cambiara a tamaño IMAX. Empiezo por el pasillo de cosas de cocina y del hogar, aunque no voy a llevar nada, para aclimatarme y mentalizarme. Sí están los sartenes de acero inoxidable marca Tramontina que dijo la señora de Costco. Aunque llevo tiempo queriendo tirar mis sartenes de teflón, intento ignorarlos. Los agarro y veo que tienen buen peso. Pienso en cómo cambiaría mi vida si los tuviera. Pero los dejo. Una victoria.

Voy camino a ver si hay fresas, por lo que tengo que pasar entre el océano de personas que están en el área de carnicería, vinos y panaderia. Una familia entera está bloqueando el camino. No me ven. —¡Con permiso! —digo usando mi voz de hombre norteño. No se disculpan, pero jalan el carrito más cerca de ellos.

El cuarto frío de frutas y verduras se siente como lo más fresco que experimentaré en la era del calentamiento global. Me imagino cómo sería vivir en Costco, mi sueño siempre ha sido ser Natalie Portman en esa película6 en donde vive en un Walmart. Solo que sin el abuso y sin todas las cosas horrendas que le pasan. Yo creo que dormiría junto a las lechugas. O tal vez en el umbral cubierto por tiras de plástico y así podría tener lo mejor de los dos mundos.

Hay fresas, pero veo que algunas cajas tienen fresas enmohecidas, así que decido no llevarlas. Tengo que volver a pasar por la panadería. Nunca he visto a las míticas revendedoras de pasteles, pero creo que es porque tienen la membresía ejecutiva y pueden entrar media hora antes.




Llego a la peor parte: donde están los pollos rostizados y la comida preparada. Por alguna razón, las personas han decidido construir una fortaleza de carritos. Tengo que maniobrar. Ahora pienso en la mejor película del mundo, Taxi (2004), de Queen Latifah. Y me siento como ella manejando por las calles de Manhattan. Lo bueno es que prefiero el pollo rostizado de Sam’s y puedo evitar estar ahí mucho tiempo.

Voy al final de la tienda, donde están los pañales y la comida para perro. Tengo un respiro porque hay mucha menos gente. Una chava está convenciendo a su novio de que lleve leche de almendra; él parece no prestarle atención. Pongo la comida de Wario y de La Wera en mi carrito. La etiqueta hacia arriba porque soy chica conocedora y sé que así les resulta más fácil a los cajeros. No necesito nada del pasillo de limpieza, ni necesito cereal.

Pienso en comprar helado, pero la última vez que lo hice terminé horneando brownies y crumbles casi a diario para tener una excusa para comer postre. Decido no llevarlo porque hace mucho calor y no sé cuánto tardaré en llegar a casa. Obvio, agarro el chorizo de pierna de cerdo ‘Chata’, mi reina, mi templo, mi todo.

Paso por otro cúmulo de personas probando pechugas de pollo congeladas listas para calentarse. Me recuerdan a las air fryers y lo mucho que me enojan.7 Rara vez tomo muestras; no sé si es porque hay mucha gente. No creo ser germófobo, pero pues solo me harta estar atorado en el gential.

Avanzo junto al área de ropa. Veo las horrendas pijamas que la señora de Costco promocionó. El pasillo de enlatados es de los más vacíos y me da gusto porque puedo leer las etiquetas con calma. Termino agarrando atún también porque ya me está dando hambre y quiero arroz con atún, aguacate y salsa macha. Cena de campeones y cabronas.

Hablando de hambre, voy a ver el pasillo de snacks. Veo los mangos enchilados. Una vez los compré y estuve comiéndolos tanto que ya los veo con algo de desdén. Tal vez por eso también me cae un poco mal la señora de Costco, ella me los promocionó. Tal vez sí debí agarrar los sartenes. Empiezo a sudar frío. Nadie es inmune a la propaganda.

Para ganarle a mis pensamientos de comprador compulsivo, me decido a hacer fila. Al menos no es fin de semana y la fila no llega hasta el área de comida preparada. 5:45. Voy a lograr evitar el tráfico si salgo en los próximos diez minutos.

No sirve de nada cómo acomodé las cosas porque la cajera las mueve. No pasa nada.

Pago con mi tarjeta. Me vuelven a preguntar si quiero sacar la tarjeta de Costco/Banamex. He leído que antes tenía un buen cashback. Pero ya tengo 5 tarjetas de crédito que balanceo cual payasito en circo, así que digo que no. Tal vez cuando cancele unas tres o cuatro. Propósito de 2026.

5:57 tengo que dejar mi galleta en el olvido porque hay un mar de cristianos haciendo fila. Prefiero evitar el tráfico y resignarme. Mi premio es salir con vida de aquí.

Parece que la prisa de las personas se diluyó en cuanto van hacia la puerta. Una viejita zigzaguea con su carrito. ¿Estará jugando también a ser Queen Latifah? ¿O solo está buscando su recibo? Respiro hondo. Ya no quiero usar mi voz de bato norteño.

Escanean mi recibo. Ahora me siento en Alerta Aeropuerto. ¿Qué tal que mis tortillas se transmutaron en un refrigerador y me van a llevar a la cárcel? Pero el señor ni voltea a verme. Veo la salida y ya es de noche. Corro mis 500 metros, ahora me siento Moisain Bolt.

Hay más buitres en el estacionamiento. Veo que un Chevy me persigue. Sé que quiere mi espacio, pero se va a tener que esperar a que ponga mi música. Meto mis cosas en el asiento trasero porque los palos que sostienen mi cajuela no sirven, y es humillante tener que sostenerla con mi cráneo.

Creo que sí lo voy a lograr. Salgo del estacionamiento y manejo de regreso a casa. Ya tengo hambre y no tengo galleta, pero creo que todo va a estar bien.

Siento que La Wera me envenenaría como el Presidente Snow si se me olvidara llevarle su comida.

Llego a casa. Con deterioro mental y emocional, pero estoy vivo. Guardo todas las cosas. Me doy cuenta de que olvidé el enjuague bucal. Pero ese será problema del Moi del futuro.

Tal vez me salía más barato ir a la farmacia.

1 ‘Chata’ es una de las mejores aportaciones de Sinaloa al mundo. Y no estoy buscando opiniones contrarias. Tal vez la única marca de chorizo que le pelea algo en mi ranking es Chorizo Goliz por su icónico comercial.

2 Yo sé que mi espose hermose, Cleo, iría si se lo pidiera. Pero en verdad amo ir a Costco aunque literalmente sea un campo de guerra. Porque, antes que todo, soy antropólogo.

3 Una vez me tocó comprar unas fresas tan deliciosas que hasta hacían que las de Irapuato se quedaran frías. (Ya he ido dos veces a Irapuato; no me pueden decir que no sé lo que digo).

4Sam's Club si fuera cunty.

5 Próximamente, tal vez, en un futuro, o tal vez nunca, no lo sé.

6 Where The Heart Is (2000)

7 Igual es un pensamiento para otro escrito. Pero les pido que abran los ojos porque son mini hornos de convección, pero hechos de plástico. Las verdaderas cabronas horneamos y freímos de forma grasienta, pero en metal o en hierro.

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No quiero la Wavytalk, ni tengo óvulos para donar.