Perdoné a mi enemiga y ya maduré (creo...)
Rachael Ray ya no eres una charlatana (creo...)
(Originalmente publicado en mi Substack el 11 de Abril del 2026)
Como buena niña rata que nació a finales de la década de los noventas y vivió parte de su infancia encerrada en casa por la guerra contra el narcotráfico en uno de los estados más violentos de México, crecí viendo televisión hasta el punto de tener horarios para ver ciertas cosas. Aparte de Discovery Home and Health, Unicable era uno de mis canales favoritos. En la madrugada, mientras me alistaba para ir a la escuela, pasaban infomerciales de productos que aún quiero, como el Jack Lalanne Power Juicer. Después, en las mañanas pasaban noticieros aburridos y, en las noches, talk shows detestables como el de René Franco.
Entre semana, de 4 a 6 de la tarde, había un segmento de programas de The Food Network doblados al español. Ahí conocí a varios y varias chefs celebridades, como mi reina Ina Garten y otras figuras icónicas de la televisión culinaria, como Bobby Flay o Giada De Laurentiis.
Sin embargo, mi apreciación por el contenido de The Food Network terminó cuando vi a una mujer hiperactiva, exageradamente alegre que conducía un programa con un set detestablemente naranja: Rachael Ray.
Básicamente, la premisa del programa de Rachael Ray era que se especializaba en comida accesible, rápida y ambiguamente étnica1. Específicamente, Comidas en 30 minutos (así se llamaba el programa) respondía a las necesidades de amas de casa y de personas ocupadas que no tenían mucho tiempo para cocinar.
La idea es buena, no lo niego. A los 11 años no tenía mucha prisa ni cocinaba todos los días. Ahorita que soy un viejo peludo que a veces come palomitas porque se le olvidó o le da flojera cocinar en algunos días, hubiera aprendido algo de ella.Tal vez necesito darle algo de compasión a Rachael. Tal vez ella en verdad quería ayudar al mundo y hacer un cambio sustantivo en lugar de ser una hater como yo.
No obstante, hay un problema fundamental que me hacía hervir la sangre incluso a los 11 años. Rachael supuestamente cocina todo en tiempo real en su show, sin embargo, casi siempre tiene su mise en place2 lista. Los vegetales están cortados, el horno está precalentado y el agua para la pasta ya está hirviendo. Rachael se abalanza sobre su mesón con una velocidad quirúrgica. Usa muchos platos, mil cucharas. Hace un batidero y me enojaba pensar que ella claramente no iba a limpiar todo eso. Su fachada alegre solo oculta que cuenta con un ejército de asistentes de producción que lavarán todo a su paso. Si yo hiciera su perra comida de media hora, estuviera una hora limpiando.
Siempre intentaba calmar mi enojo. Pensaba “ok, es un programa de cocina… todos tienen algo de falsedad y no es sano engancharme con eso.” Tal vez podría dejarlo ir… Evidentemente no es el caso, porque aquí estoy, casi 20 años después, pensando en esa fulana. Y para que entiendas mi sentimiento (o no… porque reconozco que es una enemistad de un solo lado… yo sé que en verdad esta señora no me ha hecho nada), haré un recorrido por mi tumultuosa relación con este personaje.
1) El bowl de basura
La cínica de Rachael Ray promocionando su “garbage bowl” en su talk show.
El pilar central de mi disgusto por lo que representa la marca de Rachael se basa en su “garbage bowl” (bowl de basura). Básicamente, es la propuesta que ella tiene3 de ahorrar tiempo al cortar vegetales, abrir empaques o crear cualquier desecho al cocinar y, en lugar de ir al bote de basura varias veces, tener un gran tazón cerca para juntar todo y botarlo al final.
La idea no es mala, pero tampoco es algo que ella haya inventado. Eso no es lo que me molesta. Lo que me molesta es que, en el contexto de su programa, que de por sí estaba repleto de colores y texturas molestas, también había un bowl lleno de desechos y pedazos orgánicos varios a plena vista. Lo que me enoja es que la señora escondía platos usados, quién sabe dónde, pero se aferraba a dejar su bowl de basura para que todo mundo lo viera. Que todos vean que ella sí gestiona bien su tiempo. Cínica.
Eso no es lo peor. Mi verdadero disgusto con esta mujer llegó unos años después, cuando acompañaba a mi mamá, mi abuelita y mi tía a hacer compras en McAllen (cosas de chica fronteriza) y estaba en Kohl’s (una tienda departamental que frecuentábamos raramente, pero sí lo suficiente) perdiendo el tiempo. Naturalmente, mientras ellas se probaban ropa o se decidían qué llevar, yo me iba al área de cocina a ver sartenes y moldes que no iba a comprar porque no me gustaba la ropa de Kohl’s.
Y ahí estaba ella con su sonrisa infecciosa. Su cara impresa en una caja de plástico. Retándome como lo hacía en la tele. Y lo peor de todo, promocionando su garbage bowl. Naturalmente, sentí escalofríos. Pero, como antes que nada soy una persona curiosa e informada, me acerqué a ver a cuánto estaba vendiendo ese chiste la señora esa.
$40 dólares.
Casi me da el patatús. En ese entonces el dólar estaba como a 11 pesos, lo que quiere decir que ahí costaba unos 400 pesos mexicanos. Esta demente creía que un plato de basura valía 400 pesos. Ni siquiera era el naranja chillón que ella casi siempre usaba en el programa. Era uno color verde vómito que me sacó de quicio.
Intenté dejarlo ir. Otra vez. Pero hace unos años, cuando el dólar ya estaba como a 20 pesos, volví a verlo en una tienda. “Ah, debe estar en rebaja; Rachael ya ni figura”, pensé.
$40 otra vez.
O sea, ella pensó, en verdad, que su plato para la basura seguía valiendo, no solo lo mismo, sino casi el doble de lo que valía antes4 (800 pesos mexicanos). No sé si puedo perdonarlo. Pero estoy trabajando en ello (creo…).
2) Lemonade de Beyoncé y la infidelidad de Jay-Z con Rachel Roy
A la izquierda, Rachael Ray. A la derecha, Rachel Roy.
Pasaron los años y yo medio olvidaba a Rachael. Ya me había mudado para estudiar la licenciatura, así que no tenía televisión, menos cable. Rachael no formaba parte de mi rutina semanal. Tal vez ya sentía paz.
En abril de 2016 todo cambió. Beyoncé sacó uno de los mejores proyectos musicales del siglo XXI: su sexto álbum, Lemonade, acompañado de una película en la que exploraba las complejidades de las experiencias de las mujeres negras en Estados Unidos y también hablaba de la infidelidad (y, tristemente, la reconciliación posterior) de su esposo, Jay-Z.
En la canción “Sorry”, Beyoncé alude a la amante de su esposo. Una, ahora ínfame, Becky with the good hair. Naturalmente, la Beyhive (los fans de Beyoncé) empezó a atar cabos e investigar quién era esa mujer. Rápidamente, llegaron a un nombre.
Rachel Roy.
Inmediatamente, gran parte de los fans, corrió a inundar los perfiles de redes sociales de Rachel Roy con emojis de limones 🍋 por el nombre del álbum donde la mencionaron y abejas 🐝 por Beyoncé. Otra parte, no sé si de fans disléxicos o solamente impulsivos, corrió a inundar los perfiles del sujeto en cuestión de este escrito, Rachael Ray.
En retrospectiva, es una confusión muy graciosa. Aunque el ciberbullying siempre ha sido y será estúpido. Reconozco que parte de mí disfrutaba ver que la señora que me caía mal estaba siendo inundada de comentarios que criticaban su carácter, aunque haya sido una confusión y por algo en lo que ella no tenía nada que ver.
Luego me enteré de que las dos, Rachael y Rachel, se enviaron regalos para sobrellevar el difícil momento de linchamiento público. Rachael le mandó una botella de vino con un popote para que la verdadera Rachel se empedara y olvidara todo lo que había pasado.
Rachael me habría vuelto al menos indiferente si le hubiera mandado una botella a Beyoncé. Así que, como no lo hizo, mi disgusto por ella seguía.
3) Su pozole vomitivo
En 2020 tuve mi redención. Al fin la gente estaba viendo que Rachael Ray era una charlatana. En un episodio de su talk show, Rachael hizo un pozole “mexicano” con horripilantes adiciones como chile chipotle, frijoles de lata y Frito’s. Algunos de sus ingredientes, al menos, sí son del pozole real, como el maíz pozolero o los chiles anchos que usó para la base del caldo (aunque no solo se usan esos chiles).
El video se hizo viral. Tan viral que hasta periódicos como El Universal sacaron árticulos hablando de la controversia al respecto. Recuerdo ver conocidos en Facebook compartiendo el video y señalando los errores de la receta mientras criticaban a la susodicha de Rachael.
“Típica gringa…
Por eso llegó la pandemia del COVID…
Irrespetuosa…
Mi abuela se retuerce en su tumba…”
Ok, entonces, el disgusto que yo sentía por esa mujer ahora si estaba justificado. Ya no era solamente que tenía un tazón feo o que su energía me perturbaba. Es que era una gringa empirialista que reducía la cultura gastronómica prehispánica a chile, comino, paprika y frijoles. Era eso.
No era un hater. Solo un vidente que logró predecir todos los errores de la vida de esa desquiciada mujer.
Hoy decido perdonar a Rachael Ray
Cancelaron el programa de Rachael y ahora sí, dejó de figurar. Ocasionalmente me salía en TikTok, pero así como me salía la quitaba. Ya casi no voy a Estados Unidos, mucho menos a Kohl’s, así que mis probabilidades de encontrarme con sus productos son casi nulas.
Hace unos meses, mi esposito me envió un álbum para que escuchara: Euro-Country de la artista irlandesa, CMAT. Una de mis canciones favoritas de ese álbum es “The Jamie Oliver Petrol Station” en donde CMAT explora su odio irracional hacia el chef-celebridad británico, Jamie Oliver, a quien curiosamente a mi sí me caía bien cuando veía sus programas de cocina transmitidos por Fox Life.
El estilo de CMAT es absurdo, caótico, divertido, sarcástico e inteligente. En la canción explora lo absurdo e inservible del repudio hacia personas que no conocemos y que en verdad no nos han hecho nada malo.
Y entonces, Rachael Ray regresó a mi mente. Y CMAT me hizo pensar que no gano nada en odiarla porque yo tampoco soy perita en dulce. Tal vez no hago pozole vomitivo, pero sí me gusta el sushi empanizado relleno de carne.
Y cuando tenga mi programa de cocina también querré que me ayuden limpiando. Solo que tal vez nunca logre perdonar el “garbage bowl”.
Pero Rachael, te ofrezco una tregua.
Y un meme.
1 Sé que los estadounidenses tienen ideas muy decimonónicas y anticuadas sobre “la raza” y “la etnicidad.” Me refiero a que su comida es ambiguamente étnica porque no era comida blanca (sureña) como la que hacían Paula Deen o hasta Ina Garten. Sino que Rachael se jactaba de hacer cosas “italianas”, “mexicanas” o hasta “asiáticas.”
2 Término francés para la preparación previa de los componentes de un platillo. La verdad es un excelente hábito para los cocineros caseros como yo. Pero no siempre hay tiempo para cortar todo antes de cocinar.
3 En realidad, es una técnica usada en muchas cocinas profesionales y por cualquier persona que sabe optimizar su tiempo cocinando.
4 Hoy, al 2026. Su bowl sigue valiendo lo mismo, aunque veo que al menos ya incluye un kit de un pelador y una espátula.